martes, 1 de octubre de 2013

COSTA DE LA MUERTE-TATTOO


"Me salpicas con espumas inundadas de misterios,
de otros tiempos y distancias,
con lamentos de promesas
que perdieron sus palabras
en tus bajamares inmensos..."

Este post tiene que empezar con poesía porque poesía es el mar y cada ola un verso.


Traigo un vuelo a Galicia, donde habitan en sus tupidos bosques mis hermanas meigas ¡Tierra de tradición y leyendas!


Y me dirijo a su litoral más bravo, más latente,  LA COSTA DE LA MUERTE.


Se extiende por la costa noroeste de La Coruña, desde la población de Malpica:


A Fisterra:


Un sitio habitado desde la noche de los tiempos:

Castro Celta A Cidá (Borneiro)

El final más deseado del “Camino de las Estrellas” que emprendían desde todos los rincones de Europa el pueblo Celta, buscando el punto donde acaba el día y vuelve a nacer, donde el sol moría y renacía con una luz nueva, ese lugar mágico que durante muchas lunas fue el último sitio existente, donde en muchos, muchos siglos, se creía que era el “fin de la tierra” o “el fin de la vida”, en una tierra que hasta entrado el siglo XVI no se perfiló como redonda, a pesar de la vara que dieron los griegos, incluso el propio Cristóbal Colón, se mantenía que el globo terráqueo no era globo, era plano, un rectángulo terrenal limitado por el mundo conocido, imaginar los barcos llegando a este punto…


Tras la estela de los Celtas llegaron otros pueblos siguiendo sus huellas que perduran hasta la actualidad, todo peregrino que se precie, tras coronar la Catedral de Santiago se dirige al Faro de Finisterre:


Una vez allí, se deshacen de sus botas, algunos las lanzan al mar, lo importante es dejarlas atrás...


Otros, como si de una pira de deseos se tratase, queman las ropas con las que han realizado el camino, costumbre a la que añadiría un mal direte


Incluso la iglesia, en su afán de santificar, convirtió esculturas celtas en símbolos cristianos, como la conocida  “Pedra da Serpe”:


A la que además de plantarla una cruz se extendió la fábula de que en la aldea de Corme había gran cantidad de serpientes y que un día San Adrián en sus oraciones  pisó fuerte con el pie (este santo debió de ir a la hoguera) encantando a las bichas y transformándolas en piedra ¡Animalitos! Y dejando constancia de que aquí los primeros: el clero, cómo no!!

Son muchas las cruces que salpican este lugar en honor a las gentes que aquí han perecido, a los percebeiros que para obtener este manjar se juegan la vida literalmente, siempre me he preguntado porque no van a mariscar con la marea baja y tiene una explicación sencilla, para que el percebe tenga “cuerpo” tiene que estar aferrado a la roca y esto se produce con la plena y dura mar.


El propio nombre de este paraje ya da que pensar y no es en vano, dicen las gentes del lugar que su fondo alberga un gran cementerio marino debido al gran número de naufragios que aquí han acaecido, incluso, que existe una ciudad sepultada en sus profundas aguas… Un mito de origen celta cuenta que los lugareños, en las noches de temporal, sacaban sus bueyes con un candil colgado de sus cuernos y los llevaban a los límites de los acantilados,  las embarcaciones veían las luces moviéndose, balanceándose por el andar de los pesados animales y les daba lugar a engaño… Pensaban que eran otros barcos que iban al cubierto de la bahía, y en la confusión de la tormenta las seguían y se convertía en una trampa mortal, acabando varado en los escollos, ahí los paisanos iban a tropel y saqueaban los buques, piratería iluminada ;D

Lo cierto es que en este litoral se han producido a lo largo de la historia muchos, pero que muchos hundimientos, creo que a todos nos suena “El prestige” y los “hilillos de plastilina” y aprovecho para decir ¡¡¡NUNCA MÁIS!!! Este ha sido de los últimos y se convirtió en una catástrofe natural difícil de olvidar para una población pesquera y cuyo mayor tesoro es el mar.


A pesar de todos los avatares del destino, es de los lugares más fantásticos de la península, como dice la canción aquí  “la lluvia es arte y dios se echó a descansar” y no es de extrañar, siendo el lecho del astro rey, donde todos los días el sol se va a dormir.

6 comentarios:

  1. Con qué poco texto en realidad, o quizás porque cuando los temas atraen incluso el texto, como el tiempo, pasa sin que uno se de cuenta, nos has relatado los pormenores de una Costa, la de A Morte, que engloba una riqueza que sólo le es permitida conocer a quien se atreve a atisbar en la infinitud de secretos que todavía custodia, como un fiero dragón pendiente eternamente de su tesoro. Lugares envueltos en el velo de una belleza bravía, frente a la que goce y vértigo son sensaciones que perduran constantemente, consiguiendo que la experiencia sea única. Siempre hay algo de verdad en las leyendas, y Galicia no´sería Galicia si éstas no formaran una parte esencial de su alma. Recorrer esta costa (y lo dice alguien que sólo la ha recorrido en una pequeña parte) es recorrer un mundo que siempre está conectado a su prodigioso pasado; un imán del que te marchas con tristeza pero confiando siempre en volver. La morriña celta, que imprime naturalidad incluso a la propia Naturaleza de la que se nutren sus insuperables mitos. Me ha encantado este paseo, bruja, y como siempre digo. ha sido todo un placer acompañar la estela de tu escoba. Un abrazo

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    1. Juan Carlos, todo se andará y gracias por volar conmigo, además, últimamente te veo por terras Galegas, en breve, peregrino, recorrerás los últimos pasos del camino de las estrellas.
      Son tantas las leyendas, en una tierra dotada de una naturaleza salvaje en la que cualquier criatura es posible, sirenas, dragones, druidas, meigas... Y un sin fin de seres te dan la mano y te iluminan, esa belleza como bien dices bravía... ¡Me encanta pasear contigo, el placer es mío! Un beso.

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  2. Costa "da morte" y de la vida. Porque al otro lado del Mar Tenebroso está la Isla de los Bienaventurados, donde van a parar las almas de quienes ya no han de reencarnarse, según la religión celta, y viven en perpetua felicidad...
    Luego llegaron los predicadores judeo-cristianos con sus mitologías y lo trastocaron todo, el resto es, desgraciadamente, historia. Cruces por todas partes, cruces sobre todo. Y la cruz, no lo olvidemos, es un instrumento de tortura, de mala muerte. El que avisa.

    Salud y fraternidad.

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    1. Hola Alkaest! ¡Encantada de verte por aquí! Que en los últimos tiempos eres un gato un pelín huidizo y se te echa de menos, magister.
      Qué es la muerte sin la vida o la vida sin la muerte, un ying-yang es la existencia, en todas sus etapas y a veces, lo malo, es bueno, por verlo en positivo.
      La Isla de los Bianaventurados seguro sigue ahí, escondida en las bravas aguas del Cantábrico y quien la encuentra, encuentra la felicidad.
      ¡Ay los predicadores! Sabes, los peregrinos llegar aquí y tirar las botas pueden, eso sí, pasar por el Pórtico de la Gloria, debido a las obras si pagas lo cruzas, has visto, no hay obras que no se paguen con dinero, jeje, lo de las cruces... Algún cruceiro hay fantástico, por ejemplo, en la puerta de la iglesia de Santa María de Finisterra.
      Un beso gatito!

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  3. Cruceiros... ¡haberlos ahílos!
    Y son grato recuerdo de los "Monxoi" o "Montgaudi", aquellos "Montes del Gozo" que los peregrinos formaban con piedrecillas de los caminos, que antes fueron montículos en ofrenda a los espíritus protectores de los cruces de caminos y los caminantes.
    Que tierra esa, la Galicia ancestral, donde los viejos genios de la naturaleza viven todavía, agazapados y escondidos, pero nunca derrotados, entre los carballos, bajo las piedras señaladas con petroglifos, sentados al borde de las fuentes y bajo los puentecillos medievales.
    Y viven porque sus gentes no los han olvidado, los tienen en un rinconcito de su corazón, aunque a veces no lo confiesen por prudencia. No olvidemos que la hoguera acecha a la sombra de la cruz...

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    1. Hola Alkaest! ¡Ya lo creo que los hay! Y algunos con tanto detalle que narran toda una historia, que bonito y que bien lo dices, eso es, todas esas criaturas fantásticas siguen viva porque están en el corazón de sus gentes, por eso siguen presente, a cada paso.
      Galicia, ancestral, húmeda y verde (aunque ha salido ardiendo...) es bella y dado que son 4 provincias ¡Por los cuatro costados! Desde Os Ancares a La Guardia, desde su muralla lucense a el fin de la tierra, oye y ¿Qué hoguera acecha a la sobra de la cruz? ;D
      Besos.

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