viernes, 4 de septiembre de 2015

INICIO DE CURSO: AMANECER


Tras unas merecidas vacaciones, que no veía el momento de que tuviesen lugar, el curso que queda atrás visto en positivo o en “putadivo” ha sido demasiado productivo, laboralmente hablando, tanto, que se me ha hecho especialmente largo, de esto que tenía la imperiosa necesidad de parar ¡Sin más!

Hace muchas lunas hallé ese rincón que me devuelve el equilibrio, el refugio donde desconecto año tras año, donde disfruto del preciado tiempo siempre carente para no hacer nada, solo verlo pasar.

A su paso, me doy cuenta que lo cotidiano es lo más valioso que tengo, mi pequeña familia, las cosas nimias, los regalos que la naturaleza en su belleza infinita nos otorga a diario y apenas podemos apreciar.


Es un espectáculo el amanecer en el MARE NOSTRUM, ver como poco a poco el horizonte se tiñe se rojo y una gran bola de fuego fluye de sus azules aguas. Al acelerar el vídeo y reducirlo a dos minutos se aprecia como gira la tierra en torno al Astro Rey.


¡Luz y color! En esa playa de Alcocéber que me devuelve la paz y que me ofrece todo lo que anhelo, donde aparco mi acelerada vida olvidando el reloj y al susurro de las olas pierdo la vista en esa línea ilusoria que nunca llegaré a alcanzar.

Ya de vuelta en mi Madrid, con las pilas cargadas, veo el cielo azul y los árboles grandes y verdes y estoy activa, pero que muy activa ¡Bienvenid@ al Curso 2015/2016!

4 comentarios:

  1. ¿Qué se puede decir, salvo que siempre resulta fascinante?. Tanto el amanecer como el atardecer, están dotados, generalmente, de una magia muy especial y de un simbolismo muy particular: nacimiento y ocaso, y entre uno y otro, renacimiento y esperanza. Quizás, por eso -aparte de su extraordinaria belleza- nos llenen y motiven tanto. Cierto que también es importante encontrar un punto muerto donde olvidarnos de los avatares de la vida cotidiana de todos los días, de las prisas, de las obligaciones, de las irritaciones y de los malos rollos de una civilización que gradualmente está perdiendo el norte de la existencia. Aunque sea por unos días, olvidarse de todo, relajarse, ver esos espectáculos tan fascinantes, dedicar las horas al dolce far niente... Todo un lujo al alcance de muy pocos. Un abrazo

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  2. Yo soy más de horas brujas que de nuevos días, siempre me ha cuadrado más, si hay algo bonito en Madrid son los atardeceres de otoño, pero aquí, me viene a buscar, tengo el privilegio de que todos los días se cuela por mi ventana, te los enseñé, he grabado unos pocos dejando simplemente la cámara en la terraza a la que me echaba en la cama a disfrutar de este fascinante espectáculo. Qué bonita definición el renacimiento y la la esperanza, unas horas repletas de magia.
    Gracias por volar por aquí y ¡Bienvenido al curso!

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  3. Tienes la suerte de vivir en un noveno piso, pero yo, porque más que me asome a la ventana, sólo veo el bloque de enfrene y el tejado. Amanecer y ocaso tienen su belleza. A mí me gusta mucho ver el amanecer en carretera, por eso no me importa madrugar para salir de viaje: sales de noche y en apenas unos insignificantes minutos, ves como la noche se va convirtiendo en día, alejadas las sombras quizás por ese mismo Sol Invictus de la visión de Constantino, ese mismo sol que augura afortunadas perspectivas y que vas viendo cómo a medida que tu avanzas, él va ascendiendo gloriosamente por encima de la línea de un horizonte cuya magia está, precisamente, en que eres consciente de que por mucho que corras, nunca alcanzarás... Pero son gloriosos, tanto los amaneceres como los atardeceres; al fin y al cabo, entre unos y otros, van pasando las páginas de la vida y con ellas, recuerdos inolvidables. Un abrazo

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    1. Tengo más suerte de haber encontrado el apartamento perfecto de vacaciones jajaja, desde Elcocéber el amanecer y desde el noveno el atardecer, que como te decía, los otoñales son una maravilla en Madrid. Sé que te encanta emprender viaje antes de despuntar el sol y lo que cuentas... ¡Empiezas el viaje de una forma mágica! Un beso grande caminante.

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