viernes, 5 de junio de 2015

JOYAS VISIGODAS: SUS TEMPLOS


Aún recuerdo siendo una niña la lista de los reyes godos, como si fuese el alfabeto te hacían aprender el nombre de 33 reyes sin ton ni son, sin entrar en más materia, al peso ¡Por mitades de siglos! Empezando por Ataúlfo y acabando por Rodrigo, el vencido por los musulmanes en La Batalla de Guadalete dando fin al reino.

Es curioso que en un periodo tan corto, el comprendido entre los años 418 y 711, hubiese tanto monarca, cuando desde 1492 hasta nuestros días cuento menos, parece que los reyes católicos tienen más duración, que no importancia.

Para mí y obviando el tiempo, si hay rey que le cundió ese fue a Recaredo I, a finales del siglo VI se convirtió al Catolicismo y con él, toda la península, todo esto, en apenas 15 años de mandato.


Dando una pincelada de historia, Los visigodos eran un pueblo guerrero, de los considerados bárbaros, una tribu germánica procedente no se sabe muy bien de donde, unos dicen de Escandinavia, otros que eran indo-europeos, diré que venían del norte, que aprovechó la decadencia romana para invadirlos. Gobernaron Hispania, tras la derrota tanto de romanos como de algunos pueblos que ya se habían asentado en parte del territorio: alanos, suevos y vándalos, erigiendo su capital en Toledo. Con la caída del Imperio Romano da inicio a la Edad Media y la belleza del prerrománico.


Arquitectónicamente, de aquellos lejanos años poco queda, sin embargo y aunque escasas, sus obras son un ejemplo de equilibrio y geometría, cada parte, cada zona, si se doblasen se solaparían, se podrían partir por la mitad que darían dos partes exactamente iguales.


Sus templos son joyas tan bien talladas que hasta la estructura es simétrica.


Para bien o para mal, fueron muchos los contactos que tuvieron con las civilizaciones antiguas, con los romanos y el pueblo de Bizancio, adquiriendo los conocimientos de todas las culturas, entre columnas latinas y formas de herraduras traídas de oriente…


Arcos que se suceden en puertas, en ventanas, en el interior, uno tras otro, dando tanto altura como una dimensión más amplia “del cielo” de la iglesia.


Volátiles ¡Cómo piruletas! Con el paso de los siglos, la parte curva del arco se va apuntando y cerrando más sobre la base de las impostas. Los arcos de las construcciones visigodas son los primeros, los más sencillos, sin que apenas se pronuncie el apoyo.


Con una ornamentación sencilla, apenas una cenefa circunda sus interiores.


Capiteles labrados con motivos vegetales, geométricos, evolucionando hasta las representaciones de escenas bíblicas.


Sobre una planta en forma de cruz se celebraron los primeros rituales católicos, con tres partes bien diferenciadas, su dominio del espacio era igual al de la jerarquía, cada uno tenía su lugar: El clero, el coro y los fieles.

Incluso, por lo sacro de los actos que se producían en estos enclaves, la parte del santuario quedaba aislada del resto del templo por cortinas, dándole más misterio a la liturgia.

Maqueta Altar Santa María Melque

Sobre todas ellas se ciernen leyendas, un sinfín de historias de riquezas, pasadizos, fuentes… El milagro de Recesvinto salta a la vista cuando ves la iglesia de San Juan el Bautista, también conocida como San Juan de Baños.


Además de San Juan de Baños, Santa María de Quintanilla de Viñas, San Pedro de la Nave y Santa María de Melque son de los pocos los ejemplos que quedan de los santuarios de esta época ¡El tesoro de los visigodos! Y como dice un amigo mío, son una conjunción de arte y geometría, astronomía y ciencia, hechos por y para el espíritu; hechos por y para la perfección; hechos por y para perdurar… De entonces hasta ahora.